El año pasado, hace unos días :), paseaba por las calles de Pamplona, la vieja Iruña, con mis pensamientos y un joven pasados los 50, como yo, de mediana edad, delgado y con buena presencia,  esperaba unos metros más adelante en la parada del Bus (allí lo llamamos Villavesa) me observaba y miraba fija y directamente a los ojos, sonriendo amigablemente, como si me conociera, como si me  estuviera esperando…

Cuando llegué a su altura alargó su brazo, me ofreció su mano y nos dimos un buen apretón. Calurosamente le dije ¿qué tal estás amigo?.  El seguía sonriendo con sus ojos claros mirando a los míos… pero no me contestó. No sabía quién era, aunque eso sí, me resultaba conocido, me recordaba -seguro- a alguien del pasado.

Abiertamente  le dije:

-No sé, perdóname, creo que te conozco pero no caigo, de que puede ser: ¿podría ser del colegio Irabia?.

Mientras, seguíamos estrechándonos la mano, continuaba con su mirada sonriente, sereno y pendiente de mi palabra, pero no me contestaba. Empecé a sentirme inquieto : ¿de qué le podía conocer?, si es que le conocía, ¿sería alguien a quien tuve que despedir?…¿quién era?.

Por  segundos comencé a sentirme fatal, eso de no reconocer a alguien que te saluda tan amigablemente y mostrar, intentándolo, no saber quién es, te hace sentir muy mal, por él y por tí; y parecer o ser tan desconsiderado es tremendo.  Y él lo notó y, por fin, me habló :

-”No pienses tanto… lo importante es sentir, disfrutar de lo que estás haciendo en este mundo y ser feliz”.

Y me dio dos besos, subió al autobús. Me volvió a mirar y a sonreír cálidamente, yo le correspondí y partió.

Todavía no sé sí lo conozco o no, sí era una persona o un ángel con un mensaje para mí, pero me alegró infinitamente el corazón ese encuentro inesperado.

Hoy he vuelto a pasar por allí, le he recordado y he tenido la necesidad de buscar algunos de mis escritos, de mi primera juventud,  guardados con otras “intimidades” en el trastero de la casa de mi madre.

He recuperado y releído algunos y he rescatado un trocito de uno de ellos. Tengo el firme propósito de tenerlo siempre  presente. Os lo comparto :

“Cuando cierres los ojos

 piensa en aquellas cosas que una vez soñaste,

 y cuando los abras, plásmalas y hazlas realidad,

 pues el tiempo pasa y

sólo podrás volver atrás con tu pensamiento”.

¡Feliz 2019!.  Vamos a disfrutar juntos que …¡ya no vale quejarse!, y  hay mucho que hacer.

Mirada cálida y mano tendida. Un abrazo a tod@s.