ZARPAMOS? DESTINO TRANSFORMACIÓN  

Es más habitual de lo que puede parecer encontrar empresas desorientadas, preocupadas por su supervivencia, en busca de la adaptación que les exigen los nuevos tiempos, algunas sumidas en preocupantes situaciones de estancamiento, con resultados por debajo de sus previsiones e incluso “cuesta abajo y sin frenos” cuya prioridad y único interés es dar con la tecla del crecimiento instantáneo. Algunas se sienten paralizadas y otras sólo están centradas en encontrar la fórmula táctica (de gestión operativa, comercial, de modernización digital, etc.)  que les lleve a incrementar sus ventas y márgenes creyendo que con ello conseguirán su propósito de transformación.

Esta forma de pensar y actuar, en ningún caso, va a ser suficiente para su crecimiento sostenible y son medidas coyunturales que se quedan en la superficie y no van a la raíz del problema. Es habitual que afecte a Pymes que carecen de un liderazgo maduro  y comprometido con el verdadero cambio. Difícilmente se puede avanzar en la transformación para el crecimiento continuo de una empresa sí sus Líderes no se preparan adecuada, responsable y proactivamente para ello.

Las empresas del siglo XXI precisan de Líderes transformadores, conscientes de que para obtener objetivos de excelencia y crecimiento sostenido deben focalizar su esfuerzo en la gestión del cambio en los seres humanos y la cultura de la empresa.

Convengamos en primer lugar  que aquel que no es Líder de su propia vida difícilmente lo puede ser de una organización. Desde mi punto de vista la transformación de una empresa comienza con la toma de consciencia de su situación global actual por parte de sus Responsables: no podremos cambiar si desconocemos la realidad o nos negamos a reconocerla y a aceptarla.

En segundo lugar será necesario Clarificar la situación de partida  y que debe incluir la evaluación y la creación del “grado de urgencia” necesario para la eficaz gestión del cambio que la empresa precisa.  Aterrizar con realismo exige de un Liderazgo valiente y sereno que facilite la colaboración abierta y sincera de los Directivos y de las personas clave.

Por último, en ésta fase inicial, debe quedar definida la nueva visión, la aspiración realista capaz de inspirar y aumentar la motivación y el compromiso de las personas en pro  del crecimiento y éxito de la Empresa. La estrategia debe estar creada en equipo y debe estar avalada y aceptada con el propósito ineludible de ser ejecutada con agilidad, convenientemente comunicada y compartida con toda la organización para que  pueda ser conocida e  interiorizada por todas las personas, desde los accionistas a los trabajadores y pueda darse comienzo a una auténtica disrupción : la disrupción humana.

Esta primera etapa debe incluir, a partir de los objetivos estratégicos, los objetivos operativos coherentes para las diferentes unidades de negocio y  departamentos así como los planes de acción y medidas en el corto y medio plazo, el modo en que se controlaran y tratarán los resultados. Esto permitirá centrar a cada persona, a cada equipo, permitiéndoles conocer sus retos y su modo de sumar y contribuir al cambio.

Desde la humildad, con motivación, compromiso y coherencia se dan los primeros pasos en la gestión del cambio, la auténtica transformación hacia la empresa positiva, capaz de superar los retos más difíciles a través sus “Rowans”, a veces ignorados,  personas y equipos capaces de llevar un mensaje a García…da comienzo el imprescindible cambio cultural  en busca del crecimiento sostenido. A mí me apasiona ayudar a ello.