Tomando el timón: “un mensaje a García y algunos mensajes más”.

“Para saber hacia dónde ir debes saber dónde estás y compartir quien eres, qué quieres y qué esperas de los demás”

En los años noventa, como Director General de una importante empresa de fabricación de maquinaria en el norte de España, tuve el placer de conocer y trabajar con el Sr. Martínez (20 ó 25 años mayor que yo), Director industrial de la Compañía y exdirector de una multinacional en los años setenta y principio de los ochenta, fabricante de electrodomésticos.

Se trataba de una persona de carácter “fuerte”, con problemas con su equipo (directores de departamento) por su falta de proactividad e involucración en el trabajo. Le respetaban por su excelente capacitación técnica para el cargo y su magnífica experiencia aunque muchos le “temían” y no mantenían una buena relación… No fue mi caso, y desde el primer día tuve un trato cercano con él, aceptando el respeto especial que le debía dada su edad y experiencia. Enseguida fui reconocido y correspondido y en pocas semanas me mostró al hombre sensible y sabio que escondía, al hombre sin máscara y del que tanto aprendí. Disfrutamos, trabajamos “codo con codo” como un verdadero equipo junto al resto de directivos, y con una cercanía que concluyó en una amistad que perdura hoy en día (aunque, a mi pesar, hace tiempo que no lo veo).

 

Compartimos y discutimos sobre valores, visión, management, experiencias (yo me emocionaba escuchando sus vivencias, cómo hicieron una empresa multinacional en aquellos años, cómo trabajaron en aquellos tiempos difíciles y ya muy competitivos, imaginando ese tiempo, admirando y aprendiendo). A éste modo de “entender” debo añadir que siempre tengo presente mi firme propósito de hacer crecer y “sacar las empresas adelante”, con rapidez,  agilidad y excelencia , no olvidando nunca quien soy, qué hacer y un sentido propio de la responsabilidad (con la máxima de que siempre me corresponden “los malos resultados”, siendo “los buenos” fruto de todas las personas de la organización y por tanto de una buena gestión colectiva, entendiendo siempre que sin los demás es tarea imposible).

A través del Sr. Martínez conocí por primera vez “un mensaje a García“. Él, generosamente, pensaba que mi forma de pensar y de actuar estaba inspirada en este texto y presuponía que lo conocía aunque no era así: me impactó, nunca lo hubiera expresado así de bien, y menos en el siglo XIX. Tanto es así que, en aquellas empresas que he colaborado y colaboro todo el mundo lo conoce  (y así he contribuido también, modestamente, a su ya enorme difusión y a homenajear a su autor).

“Un mensaje a García” comenzó siendo un texto corto para rellenar un pequeño espacio que quedaba libre en una importante revista de Estados Unidos en 1899, escrito a “vuela pluma” y ni siquiera con título. Su autor fue Mr. Elbert Hubbard. Este artículo se convirtió en uno de los más publicados en el mundo con más de “cien millones” de copias en muchísimos idiomas.  Comienza situándonos en la antesala de la “guerra de Cuba” y la necesidad del Presidente Mckinley de EEUU  de encontrar al hombre que hiciera llegar una carta al “Coronel García” (jefe de los rebeldes oculto en la sierra cubana). Creedme que merece la pena, son cinco minutos reveladores (aunque está en internet dejo uno de los  links para quien desee leerlo, http://addtitud.com/wp-content/uploads/2017/11/UN-MENSAJE-A-GARCÍA.pdf.).

Desde entonces, en los primeros días de mi incorporación a la dirección de una empresa, he remitido una copia a todas las personas de la Compañía y es mi primer mensaje colectivo para ellas. Es increíble el “efecto positivo” que ha tenido y tiene: es una manera de mostrarme, haciéndoles reflexionar y solicitándoles la mejor de sus actitudes; además, pasados unos días, al menos con el equipo de dirección, siempre mantengo un debate de no más de una hora sobre el escrito, lo que ayuda todavía más a demostrar mi confianza, compartir y aclarar, a comenzar un proceso de cercanía, alineamiento en valores y motivación personal y grupal que como hombres y mujeres estamos dispuestos a llevar “un mensaje a García”. En definitiva, me ayuda eficazmente a situarme y a situar la organización inicialmente.

Personalmente centro la  búsqueda del “Rowan” que cada uno llevamos dentro, para la creación de equipos y organizaciones “Rowan”, es decir, de alto rendimiento, lo que exige de los directivos madurez y trasladar a las organizaciones el valor de la persona y la importancia de su equilibrio vital en beneficio de la creación de equipos altamente productivos y positivos. Si bien es cierto que debemos reconocer, ser justos y empoderar a nuestros colaboradores, facilitando así que cumplan con los objetivos, valorando  su  esfuerzo e involucración, no lo es menos defender y contribuir para facilitar una cultura empresarial basada en el ser humano que fomente la conciliación con su vida personal y le ayude a obtener el equilibrio emocional, que determine la aparición de lo mejor de cada uno. Para ello es preciso desterrar, dentro de la filosofía de una organización, la puesta en valor del binomio personas/número máximo de horas dedicadas al trabajo (trabajo-adictos obligados o no), poniendo el acento en un sistema basado en personas que componen equipos que dan el máximo voluntariamente y que quieren formarse, crecer, dar resultados… y para lo que debemos favorecer unas reglas, un ambiente y unos medios que faciliten su ilusión,  positividad y capacidad. En definitiva debemos ser coherentes con la máxima principal de una empresa y que verdaderamente producirá resultados excepcionales sostenibles en el tiempo y que reza que “Las personas son el principal activo”.

Dirigir desde la claridad en “VALORES”, la positividad, el máximo respeto por el ser humano y sus capacidades, el que uno mas uno es más que dos, la humildad, el saber “pedir ayuda” a los demás, la participación, el trabajo en equipo… son cuestiones que un Líder debe tener siempre presente para dirigir con eficacia una Compañía y favorecer la aparición de los héroes escondidos como Rowan. En la empresa todos deben saberse “importantes” pero no debe haber “imprescindibles” y menos por parte de los principales directivos o líderes. Recorrer éste camino es fundamental, debe guiar las decisiones y ajustes en la organización. En la mayoría de las ocasiones lleva a luchar en contra del “individualismo” y “los reinos de Taifas” que tanto daño hacen a muchas empresas.

Siempre recordaré ese primer impacto de “un mensaje a García” y lo que ha supuesto para mí y para otros. Hace dos años, en Sanfermines, me encontré con un viejo amigo, profesor de ingenieros industriales en la Universidad de Navarra y empresario. Como ingeniero y colaborador magnífico hemos trabajado juntos en varios proyectos  y me habló de lo que supuso para él, para su empresa y sus alumnos este artículo de Hubbard venido de mis manos. Y ese día (hacía tiempo que no nos veíamos) me desveló un secreto emocionante: hoy en día y ya desde hace muchos años trata el artículo en sus exámenes de organización de empresas y eso le hace recordarme en cada curso. Gracias “Michel” por tu reconocimiento, por ser tan generoso y grande, y gracias a ti Maestro “Martínez” por mostrarme por primera vez el texto que tanto me sigue enseñando en la vida y que, con seguridad, me seguirá ayudando y ayudará a muchos otros aunque hayan pasado ya más de ciento veinticinco años desde su publicación.

Joaquín Gimeno